Girasoles en la Luna
Crítica de la obra: Girasoles en la Luna
Por José Ángel Soto angelimaginante@gmail.com
El día 16 de junio, a las 19 horas, se presentó el grupo Teatro Lunar con la obra Girasoles en la Luna en el Teatro Victoria, la agrupación proveniente del Estado de México.
En esta crítica recordé un consejo de un colega que una vez me dijó “Imagínate que le bajas el volumen o que el actor está hablando en otro idioma y solo lees su lenguaje corporal, sus gestos, su actuación ¿Coincide el discurso con las acciones? ¿Entiendes lo que quiere comunicarnos, lo que nos quiere decir?” Esta es la razón por la que considero que el tema o premisa de la obra no llega a ser bien traducida en la puesta en escena.
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Hay ciertos paralelos con los personajes de Saint-Exupéry, el principito, el piloto y la rosa, en este caso el girasol, flor con la que Tristán establece una relación más utilitaria que poética, el recurso pudiera generar un apoyo escénico mayor para el actor, pero no se consigue, igual pasa con otros personajes titeriles, en las que el intérprete no transfiere de ánima a los mismos. La actuación mayormente tiene un tono declamativo y no se sienten definidas las intenciones ni matices. Las áreas creativas navegan por separado, la puesta en escena, la dramaturgia, la escenografía y la música, no confluyen en un mismo horizonte, como si cada creativo quisiera imponer su voluntad olvidándose del tema del montaje.
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Honorio Israel Ríos se aprecia como un actor con experiencia y entrenamiento corporal, esto aporta a su montaje inocencia y ternura, desde la nostalgia y la mirada de un adulto que juega como niño, sobre todo al inicio de la obra, que es donde estan sus mayores aciertos, detalles coloridos y recursos sencillos que remiten a la infancia.
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Los espectadores estamos dispuestos a prestarnos al juego, conmovernos y empatizar con los personajes o con el actor mismo. El desplazamiento, el reclutamiento forzado y las desapariciones, nos tocan y duelen, conectan en automático porque son nuestra trágica realidad e irremediablemente en algunos momentos de la obra, sentiremos que se estruja el corazón, pero esta es una especie de “trampa” en la que caemos de buena voluntad. ¿Es el tema o la puesta en escena la que nos mueve?
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El público de Durango está habido de conectar con el teatro, dispuesto y con fe de que le guste lo que ve, por eso abraza y apapacha con su aplauso a los intérpretes en la escena, con una calidez y generosidad que cubre como bálsamo la herida o refuerza la gloria del héroe. Hacer un monólogo es una cosa de reconocer, estar solo en la escena y resolverse, salvarse en todo momento y al final esperar el público para saber el veredicto, si el pulgar apunta al cielo o al suelo, el actor curtido y estoico sale a ver si recibe las flores o los tomates, así es el teatro.
PD: La irrupción a escena de un miembro de la compañia para grabar con el celular al público en el cierre de la obra, resta protagonismo al actor. No es necesario sacrificar el momento de agradecimiento, por tener algún corte de video para redes sociales..
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